From Angel to Office Worker
Middle-Class Identity and Female Consciousness in Mexico, 1890-1950
Bibliographic Data
| ID | 2826575 |
|---|---|
| Authors | Julia Tuñón (National Institute of Anthropology and History, corresponding author) |
| Year | 2020 |
| Volume | 100 |
| Issue | 2 |
| Pages | 382-383 |
| Publication date | 2020-05-01 |
| Open Access | No |
| Type | ARTICLE |
| Venue | Hispanic American Historical Review (JOURNAL) |
| Journal identifiers | ISSN: 0018-2168 • E-ISSN: 1527-1900 |
| Publisher | Duke University Press (PUBLISHER • US) |
| DOI | 10.1215/00182168-8178644 |
| OpenAlex | W3016861359 |
| Language | EN |
Este libro rastrea, como su título lo anuncia, la incorporación de las mujeres a las oficinas gubernamentales de la ciudad de México a lo largo de un período de sesenta años, en los que el país pasó del porfirismo a la institucionalización del régimen posrevolucionario. La participación femenina en este ámbito fue importante –según argumenta y demuestra la autora– no sólo para ellas, sino para la sociedad en su conjunto, pues las nuevas empleadas pudieron reflexionar sobre su condición, escribir al respecto y así incidir en un cambio social que arropó al feminismo.Porter inicia caracterizando el concepto de “ángel del hogar”, una figura femenina cuya función, según el positivismo mexicano, consiste en brindar reposo del mundo público a otra figura, esta vez masculina: el guerrero. El momento histórico en que surge el “ángel del hogar” coincide con adelantos técnicos –en este caso las máquinas de escribir– que anuncian nuevos rumbos. Desde 1890 las oficinas del gobierno comienzan a emplear mujeres y se establecen escuelas que las preparan ante eventuales crisis, sobre todo para evadir la prostitución, un verdadero fantasma social en esos años. El proceso de integración de las mujeres a esta fuerza laboral fue imparable y el número de empleadas en oficinas públicas no hizo sino crecer a lo largo del período.La línea del trabajo femenino en las oficinas públicas sirve de hilo conductor para explicar una etapa compleja en la que al ideal de la modernidad se agrega la demanda de justicia social, ya que los beneficios de la época no parecen repartirse de forma equitativa entre hombres y a mujeres, lo cual nutrirá al feminismo. La autora detalla el contexto económico, jurídico y social de cada una de las etapas que atiende, precisa los salarios que las mujeres reciben y lo que pueden adquirir con ellos y rescata las opiniones que su conducta tanto laboral como extralaboral suscitó en los analistas, así como las representaciones hechas por la literatura, la prensa y mediante imágenes diversas, incluidas las fílmicas.Si bien la modernización es un factor característico del período, ésta coincide con concepciones tradicionales de las que también participan estas mujeres, particularmente la idea de que su papel debido es en el ámbito doméstico y su rol ideal el materno. De esta manera, su entrada a las oficinas muestra un campo de tensión entre el mundo de las prácticas y el de las ideas, lo cual nos recuerda que la historia está hecha por seres de carne y hueso y no por principios abstractos. Presentar las contradicciones y conflictos del mundo que analiza es uno de los grandes aciertos de este texto, pues parte de la premisa de que la historia se construye con la materia viva de seres humanos y no es nunca un camino llano y ordenado.El tema de la “identidad” de las mujeres de clase media requeriría quizás un mayor análisis y sobre todo una explicación más precisa de qué se entiende por ese controvertido término. Otro punto que puede someterse a discusión es incluirlas dentro de la “clase media”, pues ellas proceden de diversos estratos en una época de gran movilidad social y su situación puede resultar más compleja. Porter las define como mujeres de clase media no sólo por su ingreso al mundo laboral, sino por sus hábitos y conductas, lo mismo que por aspectos culturales y sociales como el consumo dirigido a mejorar el aspecto físico, todo lo cual conforma una identificación con la clase media. Ciertamente se trata de un punto de vista interesante, aun cuando se echa en falta una mayor precisión.Asimismo, la autora considera que los criterios para definir la clase social se han construido a partir de la experiencia masculina y que un análisis desde la perspectiva femenina permite matices importantes. Por esta vía llega al feminismo y su desarrollo, desde la valoración de las mujeres hasta la paulatina incorporación de demandas políticas como el sufragio y los derechos laborales, entre ellos la igualdad de salarios por igual trabajo, la jubilación, los servicios médicos, las guarderías y los permisos de maternidad. Para Porter, el trabajo es el motor que impulsa a las mujeres a cobrar independencia social y económica, conciencia de su situación y energía para la lucha, y este proceso modifica las ideas de la sociedad en su conjunto, produciendo un ariete para la igualdad y el progreso.Porter apoya su argumentación en una enorme cantidad de documentos de archivo, hemerográficos, literarios y visuales, algunos de difícil acceso. Sus fuentes bibliográficas están actualizadas y su interpretación plausible convierte este libro en un ejemplo del buen trabajo del historiador. Además, atiende también a lo que sucede en las oficinas del resto del mundo, especialmente en Estados Unidos de América, para precisar la originalidad de su caso. Su texto servirá indudablemente a estudiosos y personas preocupadas por la historia de las mujeres y del trabajo, además de propiciar nuevos estudios, como podrían ser análisis de lo que sucedía en el interior del país o con las oficinistas en empresas particulares. Otro mérito del texto es dar cuenta de una serie de figuras poco conocidas en la historiografía mexicana, lo que obliga a indagar acerca de ellas
Art · Humanities · Political science · Historical Studies in Latin America · Mexican Socioeconomic and Environmental Dynamics
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